por José Miguel Leyton-Camus R.
Psicóogo UCEN en Pasantía (2024)

El siguiente texto se enmarca en la experiencia cursando la pasantía en el centro Bustamante 72, en los distintos talleres/cursos e instancias de supervisión que se fueron dando durante estos meses.
Durante el curso de la pasantía, me llamó la atención algunas interrogantes que se repetían en instancias de trabajo: ¿qué hacer si no llega el paciente? ¿cuánto cobrar? ¿qué pasa si no paga la sesión el paciente? ¿debo llamar/escribirle para recordarle la sesión? Dichas dudas me llevaron a pensar en la siguiente pregunta: ¿Tiene fin el encuadre?
Frente a esto quisiera trazar algunos elementos que puedan ser útiles para la práctica clínica y que sirvan de apoyo a quienes iniciamos en la práctica de esta disciplina:
- El encuadre es más que el conjunto de reglas y normas (espacio, número de sesiones, frecuencia, arancel) que se acuerda entre paciente/terapeuta, me parece correcto pensarlo también como un elemento clínico que da lugar a implicaciones más profundas en la relación entre analista y analizado, en parte por la carga simbólica que implica y que permite la exploración del inconsciente del paciente.
- No termina en la primera sesión. La clínica psicoanalítica es singular, opera en el caso por caso, de la misma forma actúa el encuadre, si bien podemos trazar normas generales que contribuyan a articular el dispositivo psicoanalítico, no basta con plantearlo en una sola sesión. No podemos dar por hecho que el/la persona analizante entienda a la primera y de una vez por todas el encuadre que trabajaremos (lo cual no significa que no hayan analizantes que sí acepten y trabajen de acuerdo a lo planteado inicialmente).
- El encuadre es un proceso, por tanto está abierto a cambios en el transcurso del trabajo terapéutico. No tenemos que indagar tanto para encontrar cambios comunes en el trabajo de análisis, quisiera traer algunos ejemplos breves para dilucidar la simpleza con la que podemos realizar un cambio en el encuadre terapéutico; el paso de la silla al diván es en sí mismo un cambio en el encuadre, aún más profundo si sumamos la emergencia de la asociación libre otorgada por el efecto de recostarse.
Otro caso que quisiera usar es un ejemplo de un paciente que comencé a atender mientras era estudiante universitario, por tanto el cobro era diferenciado (acorde a lo que como estudiante podía pagar). Una vez encontró trabajo estable y con un salario que le permitía sostener parte de su vida y las sesiones de análisis, convenimos en comenzar a cobrarle como a un trabajador, por lo que subí el arancel, realizando así otro cambio en el encuadre inicial.
Un último caso es una paciente trabajadora con quien teníamos acordado un horario determinado durante la mañana para atenderla, a los meses después debido a algunos cambios en su trabajo, decidimos cambiar el horario de terapia a la tarde, generando así un cambio en el acuerdo inicial de la psicoterapia.
Son ejemplos simples, pero que detallan de qué modo el encuadre está supeditado a las vivencias singulares del sujeto.
- El encuadre tiene un efecto. Este punto me parece fundamental para la práctica psicoanalítica. El encuadre tiene un efecto en el sujeto de análisis (tanto en la persona como en el inconsciente) y debe ser usado como una herramienta para el trabajo clínico. Los desvaríos, o transgresiones del analizante al encuadre pueden ser leídos del mismo modo que leemos una resistencia o una transferencia, algo que aparece en relación al proceso psicoterapéutico que incluso podemos llevar a la interpretación del/la analizante, el encuadre puede producir preguntas clínicas; ¿por qué siempre olvidas pagarme la sesión? ¿por qué sueles cambiar el horario de la sesión una hora antes de que inicie? ¿por qué faltas a una sesión todos los meses? etc. No es un elemento aislado ni meramente regidor, puede producir un efecto singular en la persona.
A modo de cierre, me parece que es importante poder leer la singularidad de quien consulta, y operar de acuerdo a ella, las veces que sea necesario, siempre bajo la idea de producir efectos clínicos y con la responsabilidad que corresponde. Ese es nuestro fin, producir efectos en el/la analizante, y si el encuadre contribuye a ello, habrá que darle uso.
Durante este tiempo de estudio, reflexión y supervisión, he llegado a la conclusión de que no existe UN modo de hacer psicoanálisis, no hay UNA clínica del inconsciente, y por tanto no hay un método único. Parte de la formación de quien practica el psicoanálisis es no dejar de construir el modo de hacer clínica. Hay que dar lugar a la incomodidad de reescribir y reinventar el método, dudar del propio trabajo, sin necesariamente desconfiar de las capacidades propias.
Leyton-Camus, J. M. (2024, agosto 3). Reflexiones sobre el encuadre: ¿Un trabajo interminable?. En Jornada de Cierre del Programa de Formación en Psicoanálisis de Bustamante 72 (1er semestre 2024). Café Literario Bustamante, Providencia, Santiago de Chile.