Partimos como un grupo de 6 con el interés de ”tener una consulta”. Nos reunimos cada fin de semana para afinar el proyecto. Dónde, cómo, cuándo y cuánto. Un año después abrimos la consulta en Gral Bustamante 72, ahí frente al café literario. Entonces no nos llamábamos Bustamante 72. Fueron varios meses más de elucubraciones y teorizaciones para hallar el nombre perfecto. (Spoiler: no hay nombre perfecto). Tras un año de reuniones, algo sabíamos de nosotros mismos: trabajábamos desde el psicoanálisis lacaniano, buscábamos tomar distancia de las instituciones psicoanalíticas oficiales, abrazábamos cierta sensibilidad social/política. Quedarnos con el toponímico de pronto hizo sentido: apropiarse del significante en su literalidad era más lacaniano que llamarnos —qué sé yo— Centro Agalma. (No offence si hay algún Centro Agalma entre los asistentes).
Corría el 2018 y nada hacía presagiar que el estallido social tocaría la puerta de nuestra consulta. Literal. Había ocasiones en que los pacientes se devolvían después de la sesión, porque las lacrimógenas hacían prácticamente imposible salir del edificio. Otros preferían esperar que las fuerzas del orden pasaran de largo, no fuera a ser que terminaran siendo la persona incorrecta en el lugar incorrecto. Los había también que salían con máscara antigás en mano a resistir en la primera línea. Habitar ese espacio en ese momento social e histórico se había vuelto un modo de actualizar el psicoanálisis.
La llegada de la pandemia implicó un desafío mayor. Tuvimos —al comienzo no sin resistencia— que migrar al mundo digital. Con la ilusión de que sería algo pasajero. Después de un año de la consulta prácticamente vacía —de nuevo un año— y con casi el 100% de las atenciones en línea, decidimos desarmar la consulta. ¿Se acuerdan que les dije que habíamos partido siendo 6? Bueno, algunos de ellos tomaron otros rumbos. Ahora que no éramos los mismos, ni estábamos ubicados en Bustamante 72, ¿tenía sentido seguirnos llamando así?
El reverso de ese carácter metonímico del significante es su inercia: podíamos seguir siendo Bustamante 72 en virtualmente cualquier espacio. O dicho de otro modo: podíamos seguirlo siendo sobre todo en el espacio virtual. Se nos impuso una reflexión sobre lo que habíamos estado entendiendo por cuerpo, por la presencia del analista y asumiendo que lo que caracteriza nuestra orientación es determinada escucha. Esto nos permitió relanzar este proyecto, ahora explorando las posibilidades de lo digital. Adecuando el llamado dispositivo analítico a las nuevas condiciones. Así que a la teleterapia se le sumaron los teletalleres, al comienzo abiertos a la comunidad.
Hubo algunos colegas que comenzaron a interesarse por nuestro trabajo. ¿Sabían que ofrecer prácticas y pasantías no fue idea nuestra? Fue más bien una respuesta a la petición de algunos colegas que se interesaron por lo que hacíamos. Entonces entendimos algo muy importante: que más allá de que atendiéramos pacientes, hiciéramos talleres, nos formáramos académicamente, nos supervisáramos y lleváramos años de análisis a cuestas, el camino de los psicoanalistas exige tomar posición en la transmisión del psicoanálisis. Citando a Liliana Goldin (2017): “Cada analista debe reinventar la manera en que el psicoanálisis pueda durar. Ese es el compromiso con la causa freudiana”. Y aquí estamos, reunidos con otras instituciones que, sabiéndolo o no, adhieren a este principio. Organizando instancias como estas para que, hoy junto a nosotros y, algún día, después de nosotros, los practicantes y pasantes de nuestras instituciones continúen reinventando el psicoanálisis. Y con esta invitación los dejamos invitados a todos y a todas… y a todes… y a no-todes.
Muchas gracias.



Presentado en: Acuña-Ditzel, J. y Solís, A. M. (2023, diciembre 16). Presentación institucional de Fundación Centro de Atención Psicológica Bustamante 72. Jornada: Aproximaciones actuales en la transmisión del psicoanálisis, Universidad de Chile, Santiago de Chile.