Literatura y Psicoanálisis (Presentación)

por Francisco Pisani

Mientras guardaba este documento en el escritorio del computador, me preguntaba qué iba a escribir. La verdad, no lo sé. Se me vienen algunas ideas, pero las he usado muchas veces, se han convertido en una suerte de entradas de textos estándar —clisés, si se quiere—, lo son para mí al menos. Esas frases no quisiera escribirlas esta vez; me han acompañado desde hace mucho tiempo en estas reflexiones sobre la intersección escritura y psicoanálisis. Me quiero sacudir de ellas, soltarlas, dejarlas pasar y ver la posibilidad de que surja algo nuevo.

Entonces, ¿por dónde empezar? Me acordé de Margarite Duras, cuando dice que escribir es saber lo que escribiríamos si escribiéramos. Escribir nos dice tiene algo de cierta ignorancia, de cierto despojo, algo así como permitir darle lugar a lo impredecible. Entonces la escritura funcionaría en cierto destiempo, desfazada de uno mismo, lo que me parece fundamental. En una temporalidad donde no está primero la idea que luego se copia, sino que se teje en el acto mismo. Y quisiera tomarme en serio esa confianza en la escritura.

Por ejemplo, para Freud la escritura era una forma de pensamiento, como lo eran los sueños. Él pensaba escribiendo, y no al revés. Si se quiere, ese es el pensamiento que nos ha llegado a nosotros, es decir lo que escribió.

Permitirse sorprenderse de lo que surgirá en la escritura es una manera de pensar la relación entre psicoanálisis y literatura, en la que —para quienes estén más familiarizados con el psicoanálisis— lo que está en el centro, es una experiencia de asociación libre.

De hecho, el concepto de asociación libre proviene de un libro que Freud leyó en su adolescencia. Se titulaba algo así como El arte de convertirse en escritor en tantos días 1—no recuerdo bien el nombre. El libro se trataba de hacer un ejercicio de escribir todo lo que a uno se le pasase por la cabeza en una página o dos diarias por unos días determinados. De ese material encontrar ideas creativas y temas nuevos. Bueno, estamos hablando de Freud adolescente, por lo tanto, no tan a finales del siglo XIX.

Escribir despojado de los ideales, de lo correcto, de lo que se espera, implica correr ciertos riesgos. Pero bueno, si no es así, ¿para qué hacerlo, para qué escribir?.

Ahora bien, sobre los temas, Borges decía algo interesante cuando le preguntaban cómo elegía sobre qué escribir. Él contestaba que, en realidad, eran los temas los que lo elegían a él. Se le metía un tema en la cabeza y no lo dejaba en paz hasta que lo escribía, hasta que lo elaboraba a través de palabras. Palabras escritas.

Pienso en una idea era que dice relación con que la literatura y el psicoanálisis no tienen mucho que ver, que son dos mundos aparte. Y que no conviene ligar tanto el psicoanálisis a la literatura, porque son —como dice Freud en El hombre de los lobos— como el oso y la ballena: nunca entrarán en guerra porque no se encuentran.

Pero la verdad es que esta idea no se sostiene del todo. Solo en parte, porque se encuentran y no al mismo tiempo. Walt Whitman decía: Me contradigo?
Muy bien, me contradigo.
(Soy amplio, contengo multitudes). El psicoanálisis y la literatura y también la física, incluso cierto tipo de lógica permiten la paradoja, y esto esta bien. Pueden convivir al mismo tiempo dos versiones y de hecho en el icc pasa mas o menos así.

Ricardo Piglia ̣—el escritor argentino— decía, a propósito de esta relación, que los psicoanalistas hablan mucho de que el psicoanálisis está en peligro, de la derrota, que cada vez hay menos espacio para la palabra, y cosas por el estilo, pero rara vez hablan de su éxito en el campo mismo de la literatura, los estudios culturales, etc., donde ha permeado —demasiado incluso—, tanto que a veces se vuelve un cliché o pierde su especificidad. Se diluye perdiendo su fuerza en subvertir el orden de las cosas, o al menos interrogar lo establecido.

¿Puede convivir el éxito y el fracaso al mismo tiempo? Sí, Freud lo sabía. Lo trabajó, de hecho un psicoanálisis tiene que ver mucho con el fracaso.

¿De qué trata un psicoanálisis? De decir lo que a uno se le pasa por la cabeza, de poner en palabras lo que a uno lo hace sufrir, de formalizar lo que se repite como sufrimiento, es decir orientarse por un síntoma.

Lacan, en sus últimos seminarios por los finales de la década de los 70tas, decía que un análisis es un sesgo práctico para sentirse mejor. Y que cuando un analizante se siente feliz o satisfecho, es el momento de concluir. Suena simple. Quizás la simpleza es una buena manera de conversar sobre estos cruces y mundos diferentes.

Tanto en la escritura como en el psicoanálisis se trata de lo que se escribe. Quizás no tanto como la escritura en su versión burocrática, le diré así, de la redacción, la del informe, la redacción escolar, universitaria, etc. Sino que se trata de una escritura que toca un punto que se anuda al cuerpo, a la satisfacción, a un campo que funciona bajo otras lógicas, distintas a lo hegemónico, a lo estándar, sino que se parece o está hecho de lo singular. A lo único. A lo raro.

A veces la escritura está en lo más cotidiano de uno mismo, en la manera especial de equivocarse, de fallar una y otra vez. Es en la lengua donde se depositan los sedimentos de esas rarezas que nos habitan.

Podríamos decir que la escritura comienza cuando la redacción termina. Escribir es desconocer las palabras, verlas como por primera vez e interrogarlas, reconocerse habitado por una lengua propia e impropia, una lengua éxtima.

A lo mejor escribir es eso, la infiltración de esa lengua mínima en lo cotidiano, hacer una escritura de lo raro, del horror, de lo bello, de la nada, de lo común, de lo que sea para hacerlo palabra. De esta manera, lo ordinario se hace pliegue, torsión, agujero o corte donde surgen los pequeños desajustes que la literatura escribe.

Piglia, dice En volver a empezar: “En cuanto a las imperfecciones, me parece que así encontramos la voz propia. Lo que cualquiera puede corregir, eso es el estilo”. Limar las equivocaciones, las impurezas, la manera de fallar, de hablar y de equivocarse, sería corregir lo que nos hace distintos, únicos como el lapsus y el acto fallido, sería corregir el relato del sueño y de la fantasía, sería tachar lo único que es lo que nos diferencia de los otros, y que es lo más interesante de todo, es lo más interesante que tenemos, nuestra manera única de fallar. Por ejemplo se me viene a la cabeza Zambra que quería ser poeta, un poeta chileno, y no le salía, pero le salía la novela, unas novelas llenas de poesía. Imagínense que hubiera dicho no me salen los poemas, no escribo más

Alan Pauls, otro escritor amigo del psicoanálisis, dice en una conferencia fantástica que se llama Fallar otra vez que hay un uso posible de esas fallas: no habría que corregirlas, al revés sino habría que encontrar el buen uso de ellas, tomar esa persistencia del error, esa repetición del fracaso y usarlo, y darle uso que no sería otra cosa que un hacer con el síntoma. La repetición de lo que no cesa en psicoanálisis la llamamos síntoma.

El psicoanálisis fracasa porque no cura el síntoma, no busca terapeutizarlo, borrarlo, sino que, ante el fracaso de eliminarlo, intenta hacer un uso distinto de él. Es decir, hacer de esa persistencia del error un estilo. Eso es lo que hace distintos a Zurita de Huidobro, a Mistral de Parra. No se trata solo de épocas o de temas, sino de una manera única de decir y hacer, una singular manera de equivocarse y habitar el malentendido.

Para ir terminando este texto y abrir a la conversación, una torsión más, un giro de la literatura a la lectura. Al final psicoanálisis y literatura se parecen también que todos somos lectores, y con lectores quiero decir, que leer es errar, como don quijote yerra, se pierde y en ese perderse es donde se nos juega la vida. Porque al final cuando don Quijote, el gran lector de novelas de caballerías, deja su locura y se vuelve cuerdo y deja de errar, muere.

La literatura, decía Deleuze, es escribir el pueblo que falta. Me gusta pensar esta tremenda frase como: escribir es tener el coraje de decir lo que nunca se ha dicho, lo que falta por decir.

Gracias.


1 El «arte de convertirse en escritor en tres días» Ludwig Börne.

Pisani Zúñiga, F. (2025, julio 19). Literatura y Psicoanálisis. Conversatorio “Escritura y Psicoanálisis”. La Cafebrería, Santiago de Chile.

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