Lo que se desecha habla: el equívoco que revela

por Mª Fernanda Cerda Vásquez1

Al iniciar este camino, había algo que me resultaba profundamente incómodo en escribir psicoanalíticamente. No porque faltaran teorías o conceptos (de hecho, al comienzo me aferraba a ellos como una forma de sostén), sino porque esa escritura demanda exponerse. No se trata solo de elaborar ideas sobre el inconsciente, sino de dejar que el inconsciente escriba algo a través de una misma. Con el tiempo, comprendí que el exceso de teoría podía convertirse en un refugio frente a la incomodidad de dejarse escribir y empecé a confiar más en lo que la escritura misma producía, en lo que emergía sin que yo lo buscara. Lo que aparece en ese movimiento no siempre es brillante ni coherente: muchas veces es un resto, un error, una ocurrencia aparentemente tonta que interrumpe el orden de lo que “debería ser dicho”. Quizás ahí comience la Dreckologie: en la disposición a hacer lugar a lo que el pensamiento disciplinado desecha.

Freud (1994), en sus cartas a Fliess, reconocía que podía observarse “a la perfección” si escribía sus ocurrencias sin crítica: escribir para pensar, no pensar para escribir. Ese gesto freudiano resuena en esta forma de escritura que no busca demostrar, sino descubrir. La escritura se convierte así en un dispositivo de exploración donde no hay saber previo, solo un vacío que se bordea. Lo que surge como equívoco —un lapsus, un eco o una palabra mal escrita— puede volverse indicio, siguiendo el paradigma indiciario de Ginzburg (1995): una huella menor que permite leer otra escena.

En ese sentido, lo que el discurso académico suele tachar como impreciso o irrelevante, en la lectura psicoanalítica se vuelve puerta de entrada a lo real. Y ahí, “lo real” no se entiende como lo tangible o material, sino como aquello que insiste, que resiste simbolizarse del todo. Esa orientación hacia lo real transforma también la posición de quien escribe pues, ya no se trata de sostener un saber, sino de dejarse interpelar por lo que aparece en el texto. Escribir psicoanalíticamente implica una escucha de lo que se escribe, un dejar que las palabras hagan su camino antes de cerrarlas en una idea. No se trata de escribir para confirmar una teoría, sino para abrirla, desarmarla y producir algo nuevo, incluso a costa de contradecir lo ya aprendido.

Recuerdo uno de los casos que llevo actualmente en donde apareció la fantasía de querer ser amiga de mi paciente y, lamentar no haberla conocido en otra instancia, porque gran parte de su relato coincidía con aspectos de mi propia vida. Durante una escritura autoanalítica del caso, en lugar de escribir “mi paciente”, escribí “mi Paulina”. Pronto comprendí que ese equívoco revelaba algo crucial: mi implicancia afectiva, los deseos y resonancias que la historia del otro activaba en mí. Ese tropiezo en la escritura funcionó como una interpretación involuntaria, una irrupción de mi inconsciente que me obligó a detenerme y leerme a mí misma. Este material, que podría ser percibido como un “desecho” de la escritura clínica, me permitió revisarlo en mi propio análisis, reflexionar sobre cómo mi subjetividad intervenía en la comprensión del caso y a separar mi experiencia de la de mi paciente sin anular lo que emergía. En esa aparente pasividad del equívoco, se produce el acto más significativo: aceptar que el texto puede mostrar algo de mí que no se sabía, un lugar donde no me reconozco del todo, pero vislumbro algo de mí misma.

Escribir psicoanalíticamente implica sostener una escritura que perturba, asumiendo las consecuencias de lo que surge y dejando que el texto devuelva una lectura propia. No todo debe “servir”, “convencer” o “explicar”; a veces lo que parece inútil porta verdad. La dreckologie funciona como ética del desecho: dar lugar a lo que incomoda o interrumpe el discurso pulido, transformando los restos en materia de pensamiento.

Al final, escribir psicoanalíticamente es un ejercicio de humildad. Es reconocer que una no domina su propio discurso, que el inconsciente también escribe y que, si se le permite, puede enseñar algo que ninguna teoría alcanza a nombrar. Lo importante no es cerrar, sino sostener abierta la pregunta. Escribir, entonces, no como quien enseña, sino como quien se deja enseñar por lo que escribe.

Referencias

Freud, S. (1994). Carta 151 (29/12/97). En Cartas a Wilhelm Fließ (1887-1904). Amorrortu Editores.

Ginzburg, C. (1995). Señales. Raíces de un paradigma indiciario. En A. Gilly, Subcomandante Marco, & C. Ginzburg, Discusión sobre la historia (pp. 73–128). Taurus

Mahony, P. (1996). Psychoanalysis—The writing cure. En E. Piccioli, P. L. Rossi, & A. A. Semi (Eds.), Writing in Psychoanalysis (pp. 13–35). Karnac Books.


  1. Estudiante en Práctica Profesional (UAHC). Programa de Formación Bustamante 72 v7 (2025) ↩︎

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