por Ignacio Godoy González
Psicólogo (UAH) en Pasantía (2024)

En Sobre el inicio del tratamiento, Freud (1913) habla sobre las condiciones mínimas sobre las cuales un análisis puede llevarse a cabo, que si bien son sostenedoras de este, las reconoce como reglas que tienen que ver con su persona y no se opone a que otro analista tenga un trato distinto. Específicamente, Freud se extenderá sobre temas como los pagos y el tiempo destinado a la semana para el paciente, una hora semanal específica destinada a él o ella, aun cuando no asista.
Asimismo, habla de las vicisitudes en caso de faltar: extrañarse ante las inasistencias —que no puede ser de otra forma— ya que es necesario ir de forma constante, de la misma forma en cómo otra actividades de la vida cotidiana son agendadas, con tal de mantener consistencia, de no perder el camino de la cura y para no alejarse del vivenciar del presente del paciente, riesgo que se puede correr si es que en este encuadre se empiezan a repetir las razones de dicha inasistencia, las cuales pueden llegar en la forma de racionalizaciones sobre su motivo (Freud, 1913)
El tiempo mismo también es un tema en la obra de Freud: es común que el paciente quiera saber cuánto tiempo tardará su curación y el efecto del análisis. Para ello, no solo es importante no dar una respuesta concreta, ya que no hay un modus operandis que se adscriba a un tratamiento ambulatorio para las neurosis, sino que a la vez se le debe comunicar al paciente sobre los sacrificios y dificultades a los que está sujeto al venir a análisis. Esto es, reflejar que es un proceso, que es algo lento, y que a la vez requiere de constancia. Sin pasar por alto el hecho de que aun pueden ellos mismos tomar la decisión de detener el análisis cuando estimen, pero haciéndoles saber que a una ruptura de ese trabajo, puede acompañarla un estado de insatisfacción.
La idea de Freud (1913) es que el analista puede ser capaz de llevar a cabo este proceso, pero no hay forma de determinar su curso. No admite prescripción o el declarar que hay puntos por los cuales una línea de mejora específica resolverá las dolencias del enfermo. De ahí, que diga que solo en pocos casos se pueda esperar un proceso estable, en donde el paciente tenga una solicitud de salud que sea asequible, a la vez que haga inversión del tiempo acorde al necesario al proceso de análisis. Asimismo, acerca de lo esperable, lo característico de la conversación del análisis, es introducir al paciente en lo que sería la asociación libre o actuando uno en su favor al buscar o no propiciar, un relato estructurado, sino uno que contenga las ocurrencias del paciente, sin ceder a la incitarle de qué cosa hablar.
Sobre los pagos también habla de una regularidad del cobro, de no dejar que se acumulen los pagos, y de mensualmente realizarlo a los pacientes. Freud advierte sobre los peligros que puede haber en atender gratis y sobre las resistencias que se puede uno encontrar por realizar la práctica del análisis sin presentarle a un paciente esta parte del encuadre que podríamos entender como dentro de los “sacrificios”.
En Centro Bustamante 72, y su enseñanza, el encuadre es un concepto que efectivamente pone en marcha un proceso, lo asegura, pero no por ello pierde analizabilidad. No solo se hace la invitación a pensar en el encuadre como las condiciones a las que el paciente debe ajustarse, sino también a pensarlo como el lugar donde el paciente puede faltar, no pagar, y con ello mostrar algo de sí mismo.
El dinero vendría a ser significante, ya que en sociedad tiene el sentido de valor, y con ello se acompaña la posibilidad de transformación en sociedad, ya que es un recurso del que se dispone y el cual uno puede poner en diversos lugares. Ello habla no solo del uso particular que ese paciente da al dinero, si lo pensamos freudianamente, como cuales indicios de la sexualidad se encuentran en tal o cual paciente, sino también de cuánto valor se le da al espacio, es un significante que se invierte en la sesión y en su proceso.
De ese modo, Bustamante 72 apuesta por la no universalidad o estandarización de aquel aspecto que vendría a ser de acuerdo mutuo entre terapeuta y paciente, que sobre todo expresa algo de este último. No por su cantidad objetiva, sino de acuerdo la propia situación de cada paciente, ese pago se ajusta por la causa de acercar el psicoanálisis a la población que no puede procurarse una atención particular, y así inserta al sujeto en el dispositivo de acuerdo al valor personal y monetario que este puede verter en el espacio, haciéndole saber sobre la constancia que requiere, sobre las condiciones de pago (después de cada sesión por ej, dependiendo de su convenio, o que ante inasistencia injustificada se realiza el cobro de todas formas).
Asimismo, la transgresión a dicho encuadre, es motivada a ser vista desde una postura psicoanalítica, qué se transgrede, cuál es la condición que el paciente se resiste a cumplir, por ejemplo. Todo ello requiere una apertura a la singularidad del caso a caso, el que no sea un prototipo estandarizado requiere no solo conocer a la persona que busca atención sino también, un manejo hábil en donde a la par que se escucha se pueda reflejar una disposición a que esas reglas del proceso sigan siendo constantes, a que no se desmantelen, ya que sostienen una permanencia en el tiempo, y porque significan la relación de un paciente con aquel lugar donde no solo trabaja el analista sino que él o ella. Involucraría, pensando en pacientes de baja condición económica, negociar el cuándo, y cuánto se paga, si así llegan a requerirlo, pues es el pacto, en donde disponibilidad y constancia deben colindar.
La presente experiencia ha llevado a repensar qué hacer con ello que perturba el encuadre mostrando nuevas configuraciones, algo que es posible conversar en sesión, como el atraso con los pagos, resistiéndose el paciente después de inasistencias, a pagar, pero mostrándose aun interesado. Otros autores ofrecen pensar encuadre y su perturbación como algo que da cuenta una vez instalado un proceso, con este ya andando, ya que su perturbación da cuenta de que algo está moviéndose. Ese sería el caso de Etchegoyen (1991) en donde según él, hay constantes que aseguran variables, constantes estando de lado del encuadre, y variables siendo aquello que es el contenido o estado actual del paciente, el autor dice que dichas constantes son modificadas con lentitud, y no en relación directa con el proceso sino con normas generales.
Como dice Bleger (1967), ningún proceso puede darse si no hay algo dentro de lo cual pueda trascurrir, y esos carriles por donde se desplaza el proceso son el encuadre: para que el proceso se desarrolle tiene que haber un encuadre que lo contenga (Etchegoyen, 1991, p. 479)
La practica misma, ha reflejado esta tensión. Para Etchegoyen (1991) esas normas generales tienen que ver con una epistemología, pues las relaciona con la evaluación de una realidad objetiva, o sea, la modificación de un pago tendrá que ver con la evaluación de condiciones materiales y no con el material de la sesión o con que el paciente demuestre que ese es su deseo. Hay aquí una noción de realidad que tiene que ver con la objetividad y su evaluación. La práctica clínica revela que, difícilmente se puede separar la realidad del analizante de lo que es su relato mismo, de ese material que trae. Estos meses reflejan que el tecnicismo con el que uno puede concebir la situación, digamos, poner objetividad o regla universal para todo paciente, no necesariamente asegura su proceso, si no está la vista puesto en aquello que se pone en juego, tanto de la perturbación de dicho encuadre, como de lo relativo del pago, en ese sentido la práctica clínica ha mostrado que para este contexto presente, ha sido necesario poder ajustarse a la flexibilidad que una carrera como esta exige al profesional, pudiendo escuchar al paciente mientras a la vez, se vela para que el proceso continúe, según las condiciones que le son posible.
Referencias bibliográficas
Etchegoyen, H. (1991). La técnica psicoanalítica. En Los fundamentos de la técnica psicoanalítica (pp. 19-30). Amorrortu Editores.
Freud, S. (1913). Sobre la iniciación del tratamiento (Nuevos consejos sobre la técnica del psicoanálisis, I). En Obras Completas (Vol. 12, pp. 121–144). Amorrortu Editores.
Godoy-González, I. (2024, agosto 3). El encuadre y la noción de proceso en psicoanálisis. En Jornada de Cierre del Programa de Formación en Psicoanálisis de Bustamante 72 (1er semestre 2024). Café Literario Bustamante, Providencia, Santiago de Chile.