“No puedo entender eso de que está haciendo una autopsia psicológica de su muerte. ¿Acaso grabando lo que le digo puede averiguar lo que condujo a la muerte a Jinsu? Quizá sus vivencias y las mías sean semejantes, pero de ningún modo iguales.
¿Cómo puede hacer una autopsia de su muerte si él mismo no puede contarle esas cosas únicas que vivió?”
—Han Kang, Actos Humanos, p. 104.

Primero que todo, me gustaría agradecer a Fundación Centro Bustamante 72, quienes fueron mi espacio de acogida para mi práctica profesional y a mis pacientes, quienes me enseñan cada día más en sus procesos analíticos. Aprovecho también de dejarles invitades a las pasantías de Centro Sintagma y Fundación Centro Bustamante 72. Dicho esto, el día de hoy, referiré a dos casos clínicos uno fallido y otro en proceso, buscando aproximar las nociones de impasse y verdad, bajo la mirada del psicoanálisis lacaniano.
Primeramente, presentaré el caso “Carmen” y el de “Sebastián”, que, si bien los marco como casos conjuntos, creo fielmente que la importancia en el texto es “del uno y el otro en relación”. Permítanme, por lo tanto, revisarlos en conjunto, pero por motivos prácticos, presentarlos por separados. Aprovecho de remarcar, que ambos nombres son ficticios, cualquier parecido con la realidad es por culpa de esta misma.
Comencemos con Carmen: mujer de unos veintitantos años, que llega al centro con un motivo de consulta por “alucinaciones visuales y de tacto”. Probablemente algún ansioso pensó “una posible psicosis”. Si no lo hizo nadie, permítanme adelantarles que ese fui yo. Al llegar a esa hipótesis me anticipé a estudiar sobre psicosis. Sintomatología que, por lo demás, era una de mis grandes debilidades al ingresar a mi práctica profesional. Recuerdo incluso pensar: “creo que Miller trabajó algo de psicosis, de repente me ayuda a orientar algo”. (Lo cómico de todo esto es que adscribo más a las ideas de APOLa). Con la paciente acordamos, en el contacto vía WhatsApp, que la sesión fuese a las 08:15 am el martes. Lo recuerdo, porque pensé que sería un buen caso para comenzar el día. Al momento de atender, despierto sin luz, ni internet, el teléfono que utilizo para pacientes no posee contratado ningún plan de momento. La paciente se molesta, y decide cambiar de analista. Lo primero que pensé fue, además de privatizarnos la luz, me arruinan la atención con mi primera paciente con psicosis. Aunque no lo crean, comentar este pensamiento me evoca una tremenda vergüenza, porque no sólo adscribo a la corriente lacaniana, sino que también a la antipsiquiatría y, por primera vez, estaba observando a un analista (yo mismo), anti-psiquiátrico, diagnosticar por 4 palabras escritas y no dichas. Lo que me lleva a en esta ocasión, problematizar lo siguiente… ¿Es el motivo de consulta, un punto de sugestión o un punto de orientación? Retomaremos ese punto más adelante, aún nos queda el otro caso.
Sebastián, un hombre de 22 años. Es derivado por la psicóloga de otra institución. En su motivo de consulta —lo traigo de forma recortada—, los dos elementos que más me llamaron la atención “solicita evaluación diagnóstica (…) en la primera entrevista se pesquisa un pensamiento paranoico”. En este segundo caso, ya había aprendido mi lección: primero, hay que escuchar al paciente, luego la psicosis podrá aparecer. Segundo: grave error… (permítanme marcar el error con una bella cita de los inicios de Lacan: “El sujeto no nos dice esta palabra sólo con el verbo, sino que con todas sus restantes manifestaciones. Con su propio cuerpo el sujeto emite una palabra que, como tal, es palabra de verdad, una palabra que él ni siquiera sabe que emite como significante. Porque siempre dice más de lo que quiere decir, siempre dice más que lo que sabe que dice”.1 El error radica, en que, si llego con una predisposición en la escucha, no posibilitará la aparición de esa palabra: palabra de verdad. Si no, más bien, estaría más del lado de confirmar o no una hipótesis. Este lado es lo que coloquialmente se le conoce como “verdad” y en filosofía se le llama “verdad aristotélica”.2 Dicho esto, continuemos con el caso: Sebastián, en la primera sesión, confirmó un poco lo dicho por la psicóloga que lo atendió previo a su derivación. Solicitó un diagnóstico para justificar su relación con los otros y relató que “la gente le quiere hacer daño”. En la segunda sesión, fuimos averiguando que su sentir paranoico, efectivamente tenía un motivo existente y a través de explorar en su propio texto, fue floreciendo fragmentos del síntoma que realmente lo acompleja. El caso hoy en día debe tener unas 6 sesiones y de momento, no me atrevería a descartar la posibilidad de una psicosis, pero tampoco me atrevería nuevamente a no escucharlo.
Este es el motivo por el que creo que ambos casos se potencian de una buena forma. No porque los motivos de consulta inviten a pensar en el pensamiento psicótico. Más bien, creo que se comprometen entre ambos, porque: en un caso fui a escuchar y en el otro no quise escuchar. Y no se confundan, Enel es responsable de muchas cosas, pero no de no prestar oreja ni mirada para el bello texto que podría haber traído la paciente. De eso soy responsable yo, porque no estuve dispuesto a escuchar su verdad. Y no bajo el amparo psicológico neoliberal de que cada uno tiene un punto de vista, eso no es una verdad. ¿Qué es una verdad entonces? La verdad para Lacan, en palabras no tan simples, es lo imposible. Lacan contrasta lo simbólico-imaginario (que es la realidad) con lo real, que es lo imposible. Si bien, la realidad es todo aquel fenómeno que se nos presenta, lo imposible, es el elemento ontológico-matemático que lo permite y lo soporta. Se podría decir, entonces, que analizar un sueño, lapsus, chiste es componer un matema de un sujeto. Por ejemplo, esclarecer su fantasma, que es la relación entre el Sujeto y el Otro mediado por el objeto a (S losange de a), lo cual, en si es un matema. “La verdad dirige a lo real, como acabo de destacar. Una regla de pensamiento que debe apoyarse en el no pensamiento como lo que puede ser su causa”.3 Es decir, que la verdad no posee un punto reflexivo ni adecuable, más bien requiere necesariamente del punto del no pensamiento. O del “eso piensa”, más que el “yo pienso”. Como ya hemos marcado anteriormente, la verdad se juega precisamente en eso que se escapa, que el sujeto no controla. La verdad en el psicoanálisis se ve vehiculizada en todo elemento que comporte a lo real. Para esto, traemos nuevamente a Lacan, “Para mí, en efecto, si no se admite esta verdad de principio de que el lenguaje está ligado a algo que agujerea lo real, no es simplemente difícil sino imposible considerar su uso. El método de observación no podría partir del lenguaje sin que este aparezca agujereando lo que se puede situar como real. A partir de esta función del agujero, el lenguaje opera su captura de lo real. No me resulta sencillo transmitirles el peso de esta convicción. Se me presenta inevitable porque solo hay verdad posible como tal vaciando este real. Por otra parte, el lenguaje come lo real.”4
El no escuchar al sujeto, no darle lugar a la palabra es, por lo tanto, un obstáculo para la verdad. Es, en sí mismo, un impasse. Traigo, como articulación entre la verdad y los casos, una forma de mostrar el impasse producido por la búsqueda de la verdad aristotélica. El psicoanálisis es una inadecuación, no trabajamos amparados por Aristotéles, al menos en ese punto. Invito, bajo el amparo de esta invitación, a que el impasse en el caso no se sitúe desde aquí, donde se le niegue la posibilidad al paciente de hablar, o ser escuchado, imposibilitando así, el discurso analítico.
Retomando la pregunta por el motivo de consulta, diría un si y no, el motivo de consulta puede orientar, desorientar o sugestionar, pero el problema no radica ahí, ya que como hemos visto su función posee una operatividad necesaria para la atención de pacientes, pero esto no quita el “cuénteme, ¿Qué lo trae al espacio?” el motivo de consulta nos orienta a cual es el punto de inicio del encuentro con un consultante, así también, si descansamos en eso, se puede terminar en eso, un mero consultante, e inscribirse ahí el impasse.
Muchas gracias a les presentes, espero que algo haya podido quedar algo del texto presentado, y que pueda ser un insumo para quienes comiencen su clínica. No teman a escuchar o interpretar, si hay algo a que temerle en la clínica a mi parecer, es a dejar de escuchar a nuestros pacientes.
Notas
1 Lacan, J.. El seminario de Jacques Lacan. Libro 1: Los escritos técnicos de Freud, Paidós, Buenos Aires, 2001, p. 387.
2 Existe la verdad aristotélica, que es la forma más común y popular de referirse a una verdad. La verdad del psicoanálisis no es aristotélica, uno podría decir que la verdad aristotélica es una razón adecuada mientras la del psicoanálisis es una no-relación. “Con la verdad concuerdan todos los datos, pero con lo falso pronto discrepan”. Aristóteles, Ética nicomáquea. (Ética eudemia, ed. y trad. Julio Pallí Bonet), Gredos, Madrid, 1993, p. 143.
3 Lacan, J., El seminario de Jacques Lacan. Libro 2: El Yo en la teoría de Freud y en la técnica psicoanalítica, Paidós, Buenos Aires, 2008.
4 Lacan, J., El Seminario de Jacques Lacan. Libro 23: El sínthome (1975-1976), Paidós, Buenos Aires, 2006
Hauva, M. (2025, enero 11). Verdad e impasse. No sin angustia, no sin impasses: Encuentro de prácticas y pasantías. La Cafebrería, Santiago de Chile.