Notas sobre la transferencia real

por Javier Acuña Ditzel

En 2017, un grupo de investigadores de la Universidad de Gante, analistas asociados a la AMP, publican en el Journal de la Asociación Norteamericana de Psicoanálisis un artículo titulado “La presencia del analista en el tratamiento lacaniano”. Se ponen el ambicioso objetivo, no sólo de introducir y ejemplificar la noción de transferencia real, sino además hacerlo en una comunidad psicoanalítica familiarizada con una muy diferente tradición conceptual.

Cito a estos autores:

Incorporar lo real en la transferencia significa que la inmediatez del encuentro analítico es de primordial importancia en el proceso analítico. […] Sin esta, el análisis quedaría reducido a una mera práctica hermenéutica, un juego interminable de palabras, sin impacto visceral. Sin embargo, desde una perspectiva lacaniana, la transferencia está constituida por un encuentro con la excentricidad del analista (Cauwe et al., 2017, p. 26).

¿En qué consiste esta oddity del analista? ¿Y a qué se refieren con este impacto visceral? Dicen:

“una dimensión más allá de la significación donde el azar o la contingencia, la incertidumbre, el shock y el sinsentido se convierten en temas principales. El analista, entonces, ya no es únicamente un soporte simbólico sino también un provocador, con un estilo altamente idiosincrásico” (p. 3)

De lo que se trata, según citan a Lacan unas líneas más abajo, es representar a un clown. Las maniobras que corresponden a la transferencia en su dimensión real, según estos autores, enfatizan la presencia corpórea del analista, el aquí y el ahora de la situación analítica.

Diferentes ejemplos de este tipo de maniobras en lo que entienden por “lo real” se nos vienen a la mente: la patada del maestro zen que inaugura el primer seminario de Lacan, el macetero que lanza Lacan desde una ventana a uno de sus pacientes antes de subir al consultorio, el ya archiconocido “geste à peau” de Suzanne Hommel, o incluso el baile simiesco del profesor Jaime Coloma.

En estos ejemplos parecen concurrir diferentes ideas: el efecto de sorpresa (Witz) que busca la interpretación y un énfasis en la actualización corporal del analista, en su presencia física.

Pero, ¿de esto se trata la transferencia en su dimensión real?

Probablemente la mayoría de ustedes estén familiarizados con la crítica que ha desarrollado APOLA frente a esta noción de real como equivalente a la carne, al sustrato material del cuerpo. Para no repetir en exceso, solo diremos que lo que Alfredo Eidelzstein reivindica es que en la obra de Lacan —desde el estadio del espejo hasta su última enseñanza—, el cuerpo corresponde al registro de lo imaginario, no de lo real. Si hay algo que del cuerpo que se pondría en juego en lo real es del orden del agujero, pero en modo alguno se trata de la carne o de la presencia física.

El 26 de enero de 1975, en el contexto de una jornada de cárteles, Lacan responde una pregunta a Marcel Ritter. La pregunta es por la exégesis del término Unerkennte en la Traumdeutung, lo no reconocido, que refiere al ombligo del sueño, a un punto de fuga del trabajo asociativo. Marcel se pregunta si acaso a eso corresponde lo real pulsional.

Lacan le responde que le sorprende el sintagma de “real pulsional”, aduciendo que “hay un real pulsional únicamente en la medida en que lo real es lo que en la pulsión reduzco a la función del agujero”. Pero, en relación a la pregunta de Ritter, Lacan considera que lo Unerkennte es lo que Freud designa como Urverdrängt, lo reprimido primordial. “Estrictamente hablando, el Un designa la imposibilidad, el límite”. Y más adelante: “Eso no puede ni decirse ni escribirse. Eso no cesa de no escribirse”. No nos daría el tiempo de reproducir todo el argumento, pero Lacan asocia esto real, esto imposible, aquello que no cesa de no escribirse, lo relaciona —digo— con aquello que en el inconsciente es un punto de opacidad, algo cerrado para siempre y que coincide, en última instancia, con la no-relación sexual.

Este planteamiento nos ofrece un campo para pensar en la dimensión real de la transferencia. Lejos de la presencia física del analista, designaría un punto de imposibilidad de la relación transferencial. Y pienso que las nociones de defensa, resistencia, y horror al acto podrían salirnos al rescate aquí.

¿Y cómo sería una maniobra que considere la dimensión real de la transferencia? Pues bien, no sería una intervención en el cuerpo, a la postre imaginario, ni tampoco desde el significante, sino desde la instancia de la letra. Algo que Freud introdujo con el nombre de construcción.

Curiosa y paradójicamente esta maniobra puede ocurrir perfectamente en una co-ausencia física de los partenaires analíticos. Cito aquí a mi colega José-Pablo Levio (2024, inédito), colaborador de Bustamante 72, que lo formuló de esta provocadora manera: “Construir y producir el escrito de un análisis no se da por fuera de la textualidad del mismo, no hay otro lenguaje más allá ni un distanciamiento artificial para dar cuenta de los elementos de un caso. A lo sumo, puede ser un distanciamiento imaginario, por sostener la creencia de que, al no estar ambos cuerpos tridimensionales de analizante y analista presentes, se está en otra escena”.

Referencias

Cauwe, J., Vanheule, S., & Desmet, M. (2017). The Presence of The Analyst in Lacanian Treatment. Journal of the American Psychoanalytic Association, 65(4), 609–638. https://doi.org/10.1177/0003065117721163


Acuña-Ditzel, J. (2024, mayo 18). Notas sobre la transferencia real. Jornada: Situando el Vacío en la Transferencia. Universidad de Artes, Ciencias y Comunicaciones (UNIACC), Santiago de Chile.

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