La otra lectura del analista: de lo singular a lo colectivo

por Katherina Campos, Jacob Hauser, José-Pablo Levío y Sebastián Sandoval

La singularidad y la persona del analista

Introducirse como terapeuta en la práctica de una clínica Lacaniana puede ser desafiante. Más aún si consideramos los diversos recorridos, experiencias e interacciones que cada individuo a lo largo de su trayectoria, ha tenido con Lacan. La propuesta de Bustamante 72 consta de distintas instancias: atención de pacientes, grupos de estudio, supervisiones y talleres teórico-prácticos, haciéndolas dialogar con nuestra propia experiencia en el campo clínico, nutriéndose con la diversidad de perspectivas y singularidades de quienes participan. Esto pone de relieve la dimensión de la pregunta y la singularidad en nuestro campo, a través de interrogantes como: ¿Cuál es el lugar en que el paciente nos ubica en la transferencia?, ¿Cuál es y qué función cumple su síntoma? y ¿Cómo se trabaja o maniobra con la estructura de la neurosis en el contexto actual? Así, la experiencia personal, teórica y práctica, es sintetizada muchas veces en una nueva pregunta: ¿Cómo hemos visto que esto se refleja en nuestra propia clínica?. Ésta interrogante ocupa un rol fundamental, movilizando y propiciando el diálogo. 

De esta manera, es nuestro sentir colectivo que en la singularidad y subjetividad del analista reside el factor que da sentido y nutre la experiencia clínica desde Bustamante 72. El énfasis puesto en la persona del terapeuta así como sus efectos en la práctica, han permitido ir ampliando el horizonte de interpretación de los conceptos lacanianos así como de nuestro quehacer clínico. El impacto de la persona del terapeuta en su propia operación analítica lo verificamos en diferentes aspectos. En la singularidad del analista se encuentran aspectos que pueden estancar el trabajo analítico o impulsarlo y movilizarlo, a saber: las resistencias y su forma distintiva de hacer la clínica. En la producción de un análisis buscamos ocupar una posición analítica y a través de ésta, habilitar el trabajo de lo inconsciente, donde pasamos de ser un semejante o partenaire a ocupar un Otro lugar para el analizante.

Al hacer uso de esa técnica psicoanalítica no lo hacemos desde un saber-amo que nos guía, sino que operamos desde un espacio agujereado. Así, entendemos que en sí mismo cada concepto es no-todo en los distintos momentos del aprendizaje y de la clínica, lo que ha arrojado luz a nuestro trabajo en Bustamante 72. Esto resulta fundamental, pues nos habilita como analistas a posicionarnos en un saber-hacer, en una creatividad en relación a la teoría y la técnica. De ahí que pudiéramos autorizarnos como personas a ocupar un lugar de analista.

En ese sentido, las supervisiones, representan una instancia central para nuestra práctica. A través de la orientación y la retroalimentación constructiva abordamos casos específicos, que permiten enfatizar en la importancia de la escucha analítica como operación de singularidad. De forma que al posicionarnos desde una docta ignorancia es posible escuchar el significante y a su vez intervenir en la textualidad, ahondando en el material a través de la palabra y respetando el texto que trae el paciente. En esta postura, el analista necesita calcular su intervención. Frente a esto, puede caer en trabajar desde la empatía y la sobrecomprensión, formas que podrían obstaculizar el análisis, empero ¿Son empatía y sobrecomprensión necesariamente resistencias?, ¿o pueden llegar a ser semblantes de calculadas intervenciones del analista? 

Un ejemplo de cómo opera la persona del analista dentro de un análisis es la temática del pago. En nuestra experiencia pudimos vivir el cómo llegado el momento de hablar sobre el pago, es algo que afecta tanto al analizante como al terapeuta. Aquí se vislumbran dos grandes puntos. Por un lado las resistencias frente al significante del dinero, y por otro lado la posición ética del analista frente al pago. Respecto de las resistencias las podemos vivenciar en situaciones como cuando el paciente falta a la sesión y no se la cobramos, en donde en ocasiones y al revisarlo en supervisión, hemos visto que se puede vincular a una actuación de la contratransferencia por parte del analista. Justamente, al hablar de estas resistencias también se puede pensar en algunas preguntas para reflexionar: Cuando le cobramos al analizante, ¿nosotros cobramos o el analizante paga?, ¿Qué es lo que se cobra?. Esto es interesante, pues lo resistencial encuentra así un diálogo con lo ético. Partir de estas preguntas nos hace valorar el arancel diferencial como una postura ética del analista; no tanto por el hecho de suturar la gran brecha que existe en el acceso a la salud mental dentro del sistema neolibral en nuestro país, sino yendo más allá al rescatar la singularidad de ese analizante, ese hablante-ser que nos consulta y sus circunstancias.

Experiencias sobre lo colectivo

Un segundo espacio de valor que recibimos desde Bustamante 72 fue la experiencia de participar en distintos talleres con temáticas relacionadas a la técnica psicoanalítica. Los talleres dedicados a temas como interpretación de sueños, fotografía y escritura, proporcionaron un terreno fértil para la aplicación concreta de la teoría lacaniana. En estas prácticas específicas, se fusiona la teoría con la experiencia sensorial y creativa de cada sujeto, explorando las distintas maneras de atender al inconsciente y permitiendo la asociación libre en contextos no convencionales.

Esto último resulta interesante, pues nos muestra que es posible ejercer operaciones clínicas como la escucha analítica fuera del contexto de una sesión. También al ser dinámicas colectivas nos pone de relieve la importancia de la alteridad, donde necesitamos de un Otro, otredad que venga a participar de mi texto, ya sea de un texto en la fotografía, en un sueño o en la propia escritura. Justamente, en los talleres se posibilita que cada participante entre en una transferencia con el grupo, de forma que cada material individual pueda ser compartido ante otros que lo puedan puntuar y señalar. Este último punto nos vino al encuentro cuando pensábamos en las posibilidades de un autoanálisis y así nos preguntamos ¿Es posible ser un Otro para sí mismo? Pensamos que la experiencia de los talleres invita a desarrollar cierta creatividad en torno al texto de cada participante, pues el texto se nutre más al amplificarse y llevarlo a escena con otros participantes. Así, en cada sesión cada uno de nosotros tuvo la oportunidad de aproximarse a la textualidad de otro participante del taller, pero así mismo participar de ese texto también y sacarlo de la individualidad. Pudimos experimentar que como participantes, al exponer en las actividades ha quedado resonando algo de lo dicho, gracias a las intervenciones en esa textualidad, para así movilizar diversas resistencias propias, tanto como para la vida personal y la labor analítica.

Presentado en: Campos, K., Hauser, J., Levío, J.-P y Sandoval, S. (2023, diciembre 16). La otra lectura del analista: de lo singular a lo colectivo. Jornada: Aproximaciones actuales en la transmisión del psicoanálisis, Universidad de Chile, Santiago de Chile.

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