El pasado sábado 20 de diciembre de 2025, la Fundación llevó a cabo una nueva instancia de intercambio y producción teórica en las dependencias de la Escuela de Psicología de la Universidad Academia de Humanismo Cristiano. La jornada, titulada “Fantasía, ¿motor en la cura?”, se consolidó como el hito de cierre del Programa de Formación Clínica del segundo semestre.
Este encuentro no solo fue un espacio de exposición, sino el resultado de un proceso de investigación y escritura realizado por nuestros pasantes y estudiantes en práctica, quienes bajo la consigna del título, interrogaron la función de la fantasía en la dirección de la cura.
Un diálogo entre la teoría y la clínica
En El creador literario y el fantaseo (1908), Freud advierte que “las fantasías son los estadios previos más inmediatos de los síntomas patológicos”. El fantaseo y el sueño diurno pueden adquirir un carácter patógeno al cual el analista debe prestar especial atención. Para Lacan, por su parte, el concepto de fantasma define la estructura neurótica de la realidad. El análisis propone un recorrido que conduce a su “atravesamiento”, permitiendo al sujeto una nueva posición frente al deseo y su síntoma.
En esta oportunidad, quisimos tensionar los saberes, invitando a nuestros formandos a reflexionar sobre cómo puede aquello que condiciona el síntoma pensarse en tanto motor en la cura.
Presentaciones de los pasantes
El texto Fantasía, Fantasma y Virtuales. La imagen como borde para acercarse a lo real de Isabella Luzzi abordó el caso de una joven en duelo por la muerte de su padre y la revelación de su “doble vida”. El análisis utiliza la fantasía y el fantasma como vías para escuchar lo que fallece en la joven. La presentación reflexionó sobre las dos dimensiones clínicas (síntoma y fantasma) diferenciadas por Jacques-Alain Miller y la demanda de interpretación desde los “saberes psi”. Ubicando a la psicología como tecnología productora de subjetivación (Nikolas Rose) se propuso que la fantasía funciona como una imagen que acerca a lo real.
El texto de Bryan Ferrada, El que nada sabe nada teme, abordó de manera crítica la noción de fantasma, entendiéndolo como el “guion” que marca la posición subjetiva respecto al deseo, a la vez que opera como una defensa frente a la pregunta “¿Qué quiere el Otro de mí?”. Bryan estableció un diálogo entre la función estructural del fantasma en la clínica psicoanalítica y su modulación por el contexto sociopolítico actual. Al interrogar la alienación en la era del “discurso amo del capital” y las dinámicas de masas, el Bryan sugirió que el Gran Otro contemporáneo (el capital) atraviesa las subjetividades, haciendo que el acto revolucionario se desplace hacia lo molecular y las micropolíticas del deseo. La reflexión culminó con una auto-interrogación sobre su propio fantasma en relación con significantes como “rendimiento y trabajo”, y cómo esto determinaba su propia posición epistémica en la escucha clínica.
En su ensayo, Adrín Ayazi abordó la noción de fantasía desde una perspectiva íntima y clínica, utilizando su propia resistencia al escribir como punto de partida. Lejos de ser un mero ejercicio teórico, el texto se convierte en una interrogación sobre cómo la fantasía opera, no solo como estructura que sostiene al sujeto frente al deseo del Otro (retomando a Freud y Lacan), sino también como aquello que, al tambalear, impulsa un movimiento subjetivo en la cura. Adrín exploró cómo su autoexigencia y el temor a “no estar a la altura” revelan una escena fantasmática persistente. Extrapola esta experiencia a la clínica, proponiendo que la resistencia no debe eliminarse, sino leerse como un indicio de que el deseo está en juego, orientando la práctica psicoanalítica hacia una ética que sostiene la pregunta en lugar de ofrecer soluciones.
El trabajo El fantasma fundamental y el acontecimiento traumático: Un abordaje posible en un caso de abuso sexual en la infancia de Maritza González se adentró en la compleja articulación entre el fantasma y el acontecimiento traumático, particularmente en casos de abuso sexual infantil. Tomando como punto de partida la distinción propuesta por Colette Soler y la investigación de Gabriela Insúa sobre la clínica de lo traumático, Maritza se preguntó por la posición del analista frente a aquello forcluído que no tuvo inscripción simbólica. El texto argumentó la importancia de la construcción del fantasma como eje orientador de la cura, no para interrogar la realidad fáctica del trauma, sino para desmantelar la fijeza del Otro absoluto y acercarse a la falta, diferenciando éticamente la escucha de la escena fantasmática de la escucha del acontecimiento traumático.
Finalmente, el texto de Sebastián Moreno abordó la función del fantasma ($ ◊ a) en la dirección de la cura lacaniana. A través de la articulación teórico-clínica de un caso (M), Sebastián argumentó que la fantasía no opera como un motor de avance, sino como un montaje estructural (ej. “ser útil”) que inicialmente obstaculiza la cura al funcionar como cierre del inconsciente y motor de repetición fijando al sujeto en una lógica de goce (el sacrificio). Su tesis central sostenía que la eficacia analítica reside no en el intento de abolir el fantasma, sino en descompletar su eficacia. Al ser delimitado y leído, permite al sujeto advertir el goce implicado en su sacrificio, posibilitando un desplazamiento subjetivo donde el deseo se desliga del imperativo fantasmático.
Presentaciones de los estudiantes en práctica
El trabajo de Carlos Benítez (UAHC), La fantasía entre sostén y fijación: función estructurante y efectos clínicos del fantasma, constituyó un recorrido teórico que va desde las primeras conceptualizaciones freudianas de la fantasía como “sueño diurno” hasta la formalización lacaniana del fantasma ($ ◊ a) como estructura axiomática. El texto ilustra la evolución del concepto, destacando su doble función: como soporte subjetivo fundamental ante la falta y el goce, y como potencial núcleo patógeno capaz de fijar la posición del sujeto. A través de la viñeta clínica del paciente C, cuya vida está regida por el “guion” de la “funcionalidad perfecta”, Carlos demostró la potencia analítica de la fórmula del fantasma para comprender la rigidez sintomática y el autosabotaje, posicionando a la fantasía no como una mera evasión, sino como el operador inconsciente que organiza la experiencia y orienta el deseo.
El trabajo de Fernanda Cerda (UAHC) abordó la ambivalente función de la fantasía en la clínica psicoanalítica. Lejos de ser siempre un motor que impulsa el trabajo, Fernanda interroga cómo, en ocasiones, la fantasía opera como un dispositivo que fija al sujeto en un modo de goce, saturando de sentido una posición que debería vacilar. A través de la revisión teórica (Freud, Laplanche, Faccendini) y de una viñeta clínica sobre una paciente confrontada con la culpa por la muerte materna, Fernanda demuestra que la intervención analítica no busca suprimir la fantasía, sino conmover su estatuto de verdad absoluta. El texto concluye que la fantasía no es inherentemente motor u obstáculo, sino que su función depende de cómo el dispositivo logra hacerla trabajar para que deje de ser la única escena posible desde la cual el sujeto se autoriza a existir.
El trabajo La fantasía en la cura: observaciones clínicas, elaborado por Daniela Baeza (UCSH) ofreció una aproximación a la función estructurante de la fantasía en la clínica psicoanalítica lacaniana. A través de la viñeta clínica de A., Daniela desborda la noción de fantasía como mero contenido imaginario para situarla como una matriz que organiza la posición subjetiva frente al deseo y el goce del Otro. El texto subraya que el análisis no busca eliminar la fantasía, sino posibilitar su atravesamiento, permitiendo al sujeto advertir el lugar de objeto que ocupa en ella y, a través de la transferencia, abrir una fisura para la invención singular y una relación menos mortificante con su propio deseo.
En su texto, Pía Navarro (UCEN) ofreció una articulación teórico-clínica sobre el concepto de fantasía en el psicoanálisis, tomando como eje los aportes de Jacques-Alain Miller. Pía exploró la distinción fundamental entre síntoma y fantasma, postulando que este último, lejos de ser un mero obstáculo, constituye la “significación axiomática absoluta” que organiza el goce y la posición subjetiva del paciente. Pía argumenta que el verdadero motor de la cura no radica en la eliminación del fantasma, sino en su travesía, un proceso que impulsa al sujeto más allá del alivio sintomático hacia una transformación estructural y ética de su relación con el deseo y el malestar. Este escrito subrayó la centralidad de la fantasía como vía privilegiada para el movimiento subjetivo en la dirección de la cura analítica.
Formación y compromiso institucional
Para Fundación CAPs Bustamante 72, estas jornadas representan el espíritu de nuestro Programa de Formación. La elaboración de textos originales por parte de pasantes y estudiantes en práctica demuestra un compromiso con la clínica que va más allá del diván; implica el esfuerzo de formalizar la experiencia y ponerla a trabajar en comunidad.
Agradecemos a la Universidad Academia de Humanismo Cristiano, y particularmente a Felipe Díaz Arancibia, Coordinador de Extensión y Vinculación con el Medio, por facilitarnos el espacio y por el apoyo constante en la formación de nuevas generaciones de psicólogos y psicoanalistas.
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