Del malestar a la mentira del caso
Suponemos, en la orientación lacaniana, otro modelo que el fundado sobre la hipótesis modelo/representación, modelo que está por todos lados y que además es la fuente del malestar en el relato de caso. La oposición/articulación de lo simbólico y lo real es pensada también en términos de un kantismo suave en la oposición fenómeno/noúmeno, representación/cosa, modelo/hipótesis.
Al seguir el curso de J.-A. Miller este año 2001-2002, me interesaron particularmente dos puntos. Uno es la articulación de la ciencia y de la orthè doxa. El otro, la mostración del lugar de la “mentira” en las categorías R-S-I. Nos hace ver cómo la categoría de la “mentira” ocupa el lugar de la estructura como punto de real en lo simbólico, prolongando los desarrollos del “Seminario de Barcelona”18. La homología de los dos lugares, de la orthè doxa y de la mentira, es decisiva para separarse, en psicoanálisis, de los impases de una epistemología del modelo.
Es una llave decisiva para el lugar del relato de caso como demostración en la disciplina psicoanalítica.La envoltura formal del caso no es separable de su poética. La palabra designa a la vez el efecto de creación obtenido por la formalización del síntoma, tanto del lado del analizante como del lado del psicoanalista. La poética en el discurso psicoanalítico viene al lugar de la pragmática en el discurso del amo. Este discurso reconoce el «acto de lenguaje», pero intenta reducirlo a la relación con el significante amo. La poética psicoanalítica supone un acto de lenguaje que desplaza, disloca, el significante amo. Es una poética que sobrepasa al analista y al analizante. Como dice Lacan, el analista es poema más que poeta cuando accede a esta dimensión del lenguaje. Es el punto donde la orthè doxa que se apoya sobre la estructura en lo real, testimonia de la «mentira» de lo real.
El caso y el “estado de la Cosa”
A finales de 1918, Gotlob Frege recibía el manuscrito del Tratado lógico-filosófico de Ludwig Wittgenstein. El 28 de junio de 1919, acusaba, al fin, su recepción, haciéndole un comentario. Le plantea una serie de cuestiones: «Desde el principio me quedé con las expresiones “es el caso” y “hecho”, y supongo que “es el caso” y “hecho” son idénticos. “El mundo es todo lo que es el caso” y “El mundo es el conjunto de los hechos”. ¿Todo hecho no es un caso y todo lo que es el caso no es un hecho? ¿No es lo mismo si digo A es un hecho, que si digo A es el caso? ¿Por qué en este caso estas dos expresiones? He aquí que aparecería una tercera expresión “Lo que es el caso, un hecho, es la existencia de Sachverhalte”»19.
Lo que Lacan designa como “el caso” interroga un otro “estado de cosa”, puede ser un “estado de la Cosa”, un Dingverhalt. En su curso del 5 de diciembre último, J.-A. Miller planteaba una cuestión radical: ¿El verdadero relato del caso no será el del AE, desplazando de forma decisiva el estatuto del saber del analista? Es en esa perspectiva como he releído el Prefacio a la edición inglesa del Seminario XI. Lacan tiene, en este texto, una posición, en efecto, “radical” en relación al saber del analista. Él parte del fuera de sentido: “Cuando […] el espacio de un lapsus, ya no tiene ningún alcance de sentido (o interpretación), tan sólo entonces puede uno estar seguro de que está en el inconsciente. Uno lo sabe, uno mismo. Pero basta con que se le preste atención para que uno salga de él. […] Quedaría que diga una verdad. No es el caso: la malogro. No hay verdad que, al pasar por la atención, no mienta”20.
Cuando Lacan construye, un poco más tarde, su categoría de real se puede decir que lo hace al contrario de la tesis del Wittgenstein que enuncia “el mundo es todo lo que es el caso”. Él parte del objeto y no del mundo: “[…] la única idea concebible del objeto, la de la causa del deseo, o sea, de lo que falta”21. Obtenemos por tanto una falta y no un “estado de hecho”. Define después lo real como “falta de falta”, como “tapón que soporta el término de lo imposible”. Lo que Lacan señala entonces, es que la función de esta definición de lo real es asegurar su antinomia con lo verdadero y lo verosímil. La verdad se aproxima sobre todo en su dimensión de sueño: “La verdad con la que sueña la función llamada inconsciente”.
El saber, entonces, ¿dónde está? Es definido como “poco de saber”, de la misma forma que Lacan evocaba en otras ocasiones el “poco de realidad”. Habla de lo “poco que sabemos en materia de real”. Freud mismo, calificado de “teórico incontestable del inconsciente”, es definido como el que “no sabía lo que hacía”. La teoría es una cosa, el saber del analista otra. Son disjuntos.
¿Cómo un analista así definido puede dar cuenta de un caso? Vamos a ver, sobre un ejemplo, que esto no deja al analista sin recursos. Esto implica simplemente que vela por no identificarse al saber de la experiencia — dejando operar la suposición de saber de la buena manera.