Laurent, E. (2002, junio). El caso, de la construcción a la mentira. Cuadernos de Psicoanálisis, 26. Eolia.
Laurent, E. (2006). El caso, de la construcción a la mentira. Lacaniana. Revista de la Escuela de Orientación Lacaniana, 4. Grama.
No hay analista sino porque ese deseo le llegue,
o sea que ya por ahí él sea el desecho de la dicha (humanidad)1
— J. Lacan (2001)
El malestar
Para saber “cómo se analiza” procedemos por el método del ejemplo, del caso clínico. El método es tradición en nuestra disciplina, y no sin críticas. El prestigio de la ciencia y de la serie estadística arruina, en las ciencias humanas, el lustre del caso clínico. La cuestión no se limita al psicoanálisis o a las disciplinas clínicas. El proceso de la puesta en cuestión del caso no es continuo. Consideremos por ejemplo la Historia. Hemos conocido la fascinación de la Escuela de los Anales por la serie estadística, y el desdén por el caso singular. Se estima, ahora, que lo más difícil es escribir la descripción del gran hombre, de la contingencia histórica, sin renunciar a la descripción de las determinaciones que él o ella ha sabido afrontar. La cuestión más delicada es inscribir la contingencia del caso en relación a la necesidad.
La crisis del relato del caso en psicoanálisis, el hecho de que no se sepa muy bien cómo redactarlo, y la variedad del modo de narrativa admitida designa un malestar. Este hecho parece organizarse alrededor de un cierto número de falsas opciones y falsos dilemas. Citemos, en desorden, lo cualitativo contra lo cuantitativo, la viñeta contra el caso desplegado y la monografía exhaustiva, las grandes series y el aislamiento de las variables pertinentes del caso aislado. Los científicos refunfuñan al inscribir el relato del caso psicoanalítico en el marco del single case experiment, lo que algunos psicoanalistas los incitarían2. ¿De qué se trata en una experiencia que depende tan estrechamente del lazo observador/observado como la instaurada por la transferencia?
En verdad, el problema es el siguiente: el psicoanálisis no es una ciencia exacta. Imitar a la ciencia fuera de su dominio no conduce más que a la parodia. Es el caso de las series estadísticas en nuestro campo. En ese sentido el caso no puede ser “objetivo”. Eso no impide en modo alguno que exista la clínica psicoanalítica y las narraciones, es decir los “tipos de síntoma”. Cada caso, en su contingencia, se inscribe en las clases que lo esperan. ¿Cómo se inscribe?3. La epistemología de las clasificaciones nos hace percibir la función de todo establecimiento de clases como tal. Es una nominación, una “individuación”. Nombrar el caso, la exigencia del bien-decir, es uno de los nombres de la lógica de la experiencia analítica. Orienta el decir del analizante, su transferencia, y el decir interpretativo del analista.
La evolución del modelo freudiano
El relato del caso freudiano, al principio, siguió el modelo de la novela goethiana. Los sufrimientos de Dora deben mucho, en su forma de expresión, a los sufrimientos de un joven Werther que habría atravesado el idealismo alemán. Estos fijan, sin embargo, un modelo: el sueño y sus asociaciones, derivado de la forma original puesta a punto por Freud en su Traumdeutung, para dar cuenta de la experiencia analítica original. Freud logra dar una forma narrativa a la estructura, liberada de los constreñimientos del ideal. Logró integrar la sesión analítica, esencialmente anudada en la disimetría del analista y del analizante, en un mismo relato continuo del diálogo del sujeto con su inconsciente. Logró también transmitir a Abraham y a Ferenczi su modo de narración. Su gusto romántico continuó llevándolo hacia las prolongaciones de la novela histórica alemana, hacia el sueño histórico presentado más o menos explícitamente como ficción. El desdoblamiento del novelista y de su ficción están siempre más o menos presentes. Se lee en la Gradiva de Jensen o en las biografías noveladas de héroes culturales como el Leonardo da Vinci de Merezhkovski4. Karl Abraham y Otto Rank quedaron muy impresionados. Fue preciso esperar a la Primera Guerra Mundial y al estudio sobre “El Hombre de los Lobos” para romper con esas formas antiguas. Éste será el último “caso” freudiano que toma la forma clásica del “relato de caso”.
La literatura se apodera de los recursos del relato de caso freudiano para desprenderse de las formas convenidas. La Traumnovelle de Schnitzler, que data de 1926, se apoya en Freud para forzar a la literatura a decir más sobre los contenidos sexuales de la conducta del sujeto. En 1925, Alban Berg quiere hacer del Woyzeck de Büchner, en el cual el drama incluye el diario clínico y el suceso médico-legal, una ópera. Escritura automática, cadáveres exquisitos, método critico-paranoico, monólogo interior, flujo continuo de pensamientos, se convierten en otros tantos lugares de experimentación para la nueva literatura. El gusto cambia. Hay una especie de puesta al límite de la literatura y del caso en el momento en que, en el psicoanálisis, el “giro de los años veinte” —crisis en la práctica de la interpretación— repercute sobre el modelo del relato del sueño y de sus asociaciones. La “crisis de la interpretación”, que acompaña al giro de los años veinte, pone en peligro el relato del caso. En lugar de la asociación triunfante que llega hasta el fin del síntoma, los psicoanalistas han de ocuparse del síntoma que resiste al desvelamiento del inconsciente. Los “casos” vienen a dar cuenta de las dificultades de cada uno y de la extensión del psicoanálisis allá donde el sueño no ha lugar, como por ejemplo en la psicosis. Aún más que con el modelo freudiano, es de la unidad de la sesión de psicoanálisis de lo que hay que rendir cuentas. Los autores tratan de hacer coincidir sus relatos con su práctica. El sueño de un cuaderno de notas de laboratorio sostiene esta extracción de momentos cruciales de una sesión. La unidad del relato del caso no es ya el destino de un sujeto, sino el hecho memorable, transmisible, extraído de una sesión. La forma corta iba a prevalecer. Melanie Klein inventa una nueva forma, bajo la modalidad del cuaderno de experiencia, sesión por sesión. El “material” rápidamente traducido en términos “inconscientes” por una contribución del psicoanalista de igual extensión, trastoca el orden de los relatos freudianos. El interés se centra sobre lo que podríamos llamar “la epifanía” propia de cada sesión, manifestación del inconsciente en su materialidad y demostración del «saber hacer» del psicoanalista. Ella no llega a evitar el problema de la dificultad de la publicación más que haciendo público a su muerte (1960) su Análisis de un niño de diez años, dirigido en 1940. Mantiene así la forma desplegada de la monografía. Esa será, sin embargo, la última monografía publicada.
La evolución se hará hacia la viñeta clínica, la forma clínica breve, a medida que la literatura, en sentido amplio, adopta los procedimientos freudianos para hacer un nuevo objeto literario. A medida también en que ya nadie toma en cuenta “el” psicoanálisis como tal, pero se dedica a ilustrar un aspecto parcial en él.